Lejos de tus hijos, la presencia de la esposa
llenó tu soledad.
Era el nieto para ambos
la esperanza total de cada día;
veíais en sus pasos primerizos
una promesa de vida inacabable
y la razón para permanecer.
Por eso le dabais las auroras más hermosas,
la madurez del día
y las noches preñadas de leyendas.
Le dabais la palabra,
de tal manera suya
que ya habría de serlo para siempre.
Y es su voluntad que en la palabra
se reafirme vuestra sombra unánime.
De cómo mis abuelos me regalaron
una especial relación con la vida.
El olor a manzanas anunciaba el otoño
junto a las primerizas y nostálgicas lluvias
en aquel Tacoronte de los años cuarenta.
Era el dorado aroma que llegaba a la casa
y cubría de monte el piso de la alcoba
vacía ya de muebles para la bienvenida.
Mi abuelo de la mano en cada sobremesa
me llevaba a la puerta que abría cuidadoso
y me hacía pasar al dulce paraíso.
Quizá Adán no sintiera aquel profundo gozo
de poder elegir entre múltiples frutos
la reineta o francesa más madura y fragante.
Tal vez al recibirla de las manos de Eva
recibiera su sexo y el amor de la hembra
en la manzana única que todos heredamos.
Quizá en ella gustara de todos los placeres
prohibidos por Dios y encendiera su ira
que condenaba justa al bíblico destierro.
La manzana elegida, me volvía a la mesa
y esperaba paciente la desnudez radiante
para gustar entera su carne esplendorosa.
De cómo mi abuelo me hizo partícipe
de su gusto por las manzanas.
Era un acto de amor por la palabra
hacia Kathryn, la esposa enferma.
Sobre su cabeza, posada en la almohada,
tus manos con el abierto Evangelio,
leías los capítulos del apóstol
con la cadencia del idioma árabe.
Para mí era sólo música sagrada
que arrullaba mi presueño infantil
y acariciaba mis párpados cerrados.
El silencio de la abuela recogía
las voces del amado y lentamente
sus ojos se cerraban con los míos.
En aquella penumbra me dormía
con la fe de besar a la mañana
la salud recobrada de mi abuela.
De cómo mi abuelo sanaba a su esposa
leyéndole algunos capítulos del Evangelio.
Cómo negar tu hoy
si estás en cada paso mío naciéndote
hacia esta realidad donde remansas
la angustia de vivir y de saberte
vértice de la sangre que sembraste.
Cómo negar tu sombra
si ya desde la tierra en que guardaste tu silencio
total, te perpetúas
vegetal concreción viva fronda
abierta al vuelo de las aves.
Cómo negar tus actos
si cada mañana te amanezco
íntegro en estas calles
que para ti levantan sus banderas.
Un nombre suele ser definitivo
porque en tu nombre estás
y nada queda sólo cuando ya no se pronuncia.
De cómo mi abuelo sigue vivo.
Esta edición limitada, firmada y numerada a mano ha sido realizada por CIINOE/COMOARTES S. L. (ciinoe@hotmail.com) en su Colección “Gaviotas de azogue” / 24, Noviembre de 2007, Madrid, España. Se autoriza la difusión sin fines comerciales por cualquier medio